Dicen mil rocanroles por los satélites

5 junio, 2026
Indio copia
 

Por el Prof. Esteban Dipaola

 

Aquellos que nos dedicamos a la escritura o al hecho de formar con palabras algo que pueda hacer más bello lo inevitable, siempre estamos tentados a pensar que en cada oración y en la vocación misma del lenguaje escrito hay una musicalidad a la que no le fue encontrada todavía la nota, la armonía, el ritmo. Por eso no podemos aún hacer música. Pero el escritor escribe siempre con alguna sonoridad musical acompañando y si yo ahora tuviera que poner música a esta intro empezaría con los iniciales acordes de “Gualicho”, casi cantando eso de que el “Zumba se colgó del bondi a Finisterre, rajando del amor detrás de un beso nuevo”. Porque no debe quedar nadie que alguna vez no haya cedido a esa aventura de huir de amores por la novedad de otros besos y no reparar en lo que cuesta armar un full.

Si algo me pasa con las canciones del Indio Solari es que en su metáfora esquiva mantenían, de todos modos, la comprensión de la evidencia para cualquiera que pretendiera ajustar esa poética a la melodía circunstancial de su propia vida. Su lengua nunca dejó de ser popular, de ser el parlamento de una comunidad sagrada. Sus congregantes llamaron a esa unidad esencial y fundada en un acto de fe la “misa ricotera”. El espíritu sagrado de Los redondos se expresa en manifestaciones vanguardistas de sótanos húmedos de los años ochenta y en multitudes heterogéneas y populares de la década del noventa que hicieron del rocanrol más argentino que podíamos conseguir un fundamental culto.

La poética siempre es una lengua de los afectos y en la del Indio, contrariamente a lo que siempre se resaltó sobre su oscuridad, para mí tenía el efecto de una sencillez imprescindible. Nada más sencillo que sentir en el momento necesario que alguien nos canta: “si no hay amor que no haya nada, entonces, alma mía no vas a regatear”. Esa lucidez de lo sencillo transmitió poéticas y canciones en paredes de barrio, en murales que en su blancura adquirieron la palabra precisa, que nos hizo correr a ver que escribe en mi pared la tribu de tu calle: ¡cuántas paredes nos recordaron que vivir solo cuesta vida! ¡Cuántas más que violencia es mentir! Una poética es la comprensión de los afectos que constituyen las enunciaciones de una comunidad, y en las canciones de Los redondos y del Indio esto era instituyente y hacedor de un lazo, porque casi nada hay entre nosotros y nosotras que no pueda decirse o explicarse a partir de alguna metáfora ricotera que en su sutileza permitía también pensar, y que pueden ir desde “mientras más alto trepa el monito, así es la vida, el culo más se le ve”, hasta la profundidad de “mami elimina el error del que vos sos capaz” o también “puede alguien decirme, me voy a comer tu dolor”.

De esa lengua común que se hace de fácil reconocimiento para todos y que enseguida incorpora su música en un canto universal entre distintas generaciones estaba constituida la poética del Indio. Por eso, tal vez, quienes nos dedicamos a la sociología y buscamos reflexionar sobre los hechos sociales, pretendemos en muchas ocasiones encontrar en la lengua popular interpretaciones de esos hechos y de las prácticas de lo cotidiano. Sin embargo, la poética musical del Indio es bastante más que algo sociológico porque se constituyó en el habla de la comunidad y no en su interrogación. Escuchar canciones de Los redondos es asistir a las sensaciones de las preguntas más concretas de la vida, y pienso ahora en el comienzo de “Shopping disco-zen”: “tengo buenas y malas noticias para vos: la belleza es lo que te da felicidad”.

La inscripción de un lenguaje propio como poética popular es lo que vuelve sencillo aquello que el Indio transmitió entre sus letras, porque se ha vuelto parte de lo que ya decimos todos, como algo propio, como lengua universal. En esto consiste una transmisión afectiva que se despliega entre generaciones: de hijos e hijas a padres y madres, incluso también abuelas y abuelos y que componen una traza horizontal de la vida a partir de esas canciones, algo que evoca incluso momentos de la vida de distintas personas que se registraron en una memoria habitada por los otros, los también congregados en la misma misa, el espíritu sagrado de los ricoteros y de la singular voz del Indio alentando un pogo infinito sobre el estribillo más reconocido de nuestro rock.

Ahora queda esa poética con sus virtudes simples, con su capacidad de congregar una multitud que se convierta en acto popular, en signo cultural, en manifestación sagrada. La poética de los afectos comunes, esa a partir de la que todos y todas nos inclinamos a recordar que todavía se puede tener “los puños en alto, deseando al final hacer la revolución con una canción de amor”.

Esa gratitud es la que en esta fecha que toca despedir al Indio Solari corresponde reconocerle, porque son muy pocos los que nos obsequian la belleza de una lengua para narrar lo que nos pasa, aquello que somos. Carlos “Indio” Solari ofreció una poética para rescatar y retratar lo bello entre medio de las tristezas que fecundan las vidas, como en eso de que “las despedidas son de esos dolores dulces”, y que me recuerda otra vez que esto que escribo comienza en el tono de esos acordes y que ya no puede haber, entonces, de ninguna forma, gualicho de olvidar. Ahora la lengua popular del Indio es voz en cada uno y cada una y será la eterna y poética manera de recordarlo siempre.


Cómo llegar



Sedes

 

Sede SE | Santiago del Estero 1029
Of. 137 1er piso (Ala HU)
Tel: +54 (11) 5287-1784(directo)
e-mail: sociologia@sociales.uba.ar


Seguinos